Christian Abaca,
del tatuaje al metal
"Treinta años marcando la piel me enseñaron una cosa: la línea buena sale una sola vez. El metal es igual —no perdona el pulso que tiembla."
Christian dibuja y tatúa a pulso desde 1995. Casi tres décadas de oficio: el diseño, la composición y la línea que no admite arrepentimiento, sobre una superficie que no perdona el error.
El metal ya estaba en la familia —su viejo grababa a buril, primero por trabajo y después por gusto—. Christian lleva ahora ese mismo pulso a la plata y el bronce: lo que en la piel fue tinta, en el metal es surco.
Cada pieza que lleva el sello Abaca la abre él, a mano, sin láser ni moldes. Por eso no hay dos iguales.


